jueves, 8 de octubre de 2009

Lecciones desde Colombia

Por: Santiago Silva Jaramillo.



El pasado 29 de septiembre el CSIS (Center for Strategic and International Studies), prestigioso think tank con sede en Washington, presentó el informe “Countering Threats to Security and Stability in a Failing State. Lessons from Colombia”. El texto analiza la historia reciente colombiana; comenzando con las épocas en las que la degeneración del país lo llevó a casi ser considerado un Estado Fallido, hasta el proceso de recuperación del monopolio de la fuerza por parte del Estado colombiano. El estudio afirma que el crecimiento de los grupos guerrilleros y paramilitares a mediados de los noventa, financiados por el incremento en el tráfico de drogas, llevó a Colombia a las puertas de la catástrofe. Sin embargo, en menos de diez años, el país logró una recuperación impresionante en su estabilidad y seguridad. “Lessons from Colombia” examina los progresos colombianos para determinar puntos consonantes con otros países en situaciones similares, donde las medidas tomadas por Colombia puedan ayudar a evitar que alcancen el status de Estado Fallido. Al presentar puntos importantes sobre la sostenibilidad de las políticas actuales en Colombia para mantener los procesos de consolidación del Estado, el reporte se convierte en una herramienta útil para los políticos colombianos y de países cuya estabilidad y seguridad se encuentren amenazados.


El reporte de la CSIS llega a conclusiones que aunque en algunos casos son bien conocidas, no son por eso menos importantes. Dice, por ejemplo, que la crisis de seguridad colombiana nació de la incapacidad del Estado para ejercer su autoridad legítima en grandes porciones del territorio nacional. Por supuesto, la respuesta para esta incapacidad consistió en el fortalecimiento de la presencia estatal y el combate de los poderes ilegales que lo habían reemplazado. La decisión del presidente Uribe, junto con otros líderes colombianos, de afirmar la autoridad del Estado ha sido fundamental para el mejoramiento de la situación de seguridad en Colombia.


El principal logro de la administración Uribe ha sido, según “Lessons from Colombia”, el aumento claro y contundente de la autoridad del Estado colombiano en su territorio. El reporte resalta también la importancia en este proceso del Plan Colombia y de la especificidad de los objetivos a alcanzar con la política de Seguridad Democrática. En cuanto a esta última, “Lessons from Colombia” habla de la flexibilidad de las estrategias de implementación de la política que desde un principio ha posibilitado los cambios de rumbo y reformas exigidas por las dinámicas del conflicto, sin que se pierda la coherencia, gracias, en parte, a los lineamientos generales y específicos de la misma.


“Countering Threats to Security and Stability in a Failing State. Lessons from Colombia” estudia otros aspectos de la situación colombiana y su historia reciente, que no puedo reseñar de momento. Sin embargo, me intriga la poca o ninguna recepción de su publicación por parte de los medios ¿será gracias al enrarecido ambiente político pre-reelección? Una lastima, pues sus conclusiones deberían ser consideradas por el próximo presidente, sea quien sea, y orientar sus pretensiones de mantenimiento, reforma o incluso eliminación de la política de Seguridad Democrática.

lunes, 21 de septiembre de 2009

Fail!!

Por: Santiago Silva Jaramillo



La política exterior del gobierno de Barack Obama se ha caracterizado por su flexibilidad a la hora de hacer concesiones, que aunque puede resultar pragmática en algunos casos (como cuando pretende negociar con las alas moderadas del Talibán), también puede llevarlo a cometer graves errores. El anuncio de la semana pasada de parte del presidente estadounidense de la cancelación del escudo de defensa anti balístico en Polonia y República Checa fue uno de los últimos.

Los Estados Unidos querían con esta jugada bajarle un poco al calor en su relación con los rusos, que mantenían una dura oposición al escudo anti balístico polaco incluso amenazando con desplazar sus propios cohetes a la frontera, en Kaliningrado, pero Medvedev y Putin tomaron la decisión como lo que era, una clara victoria del Kremlin sobre Washington y se han permitido algunas valentonadas. Hicieron eco de la cancelación del escudo anti balístico en su país y dejaron clara su intención de no detenerse allí, sino de exigir otras concesiones al gobierno Obama, la mayoría de ellas, concernientes a las restricciones comerciales que aún pesan sobre Rusia desde la Guerra Fría. La otra intención de Washington con su decisión era que Rusia flexibilizara su posición frente a Irán y su programa nuclear y ayudara en los posibles acercamientos entre el régimen de Mahmoud Ahmadinejad y occidente. Sin embargo, el mismo Medvedev señaló que la cancelación del escudo polaco no suponía ningún acuerdo previo entre Estados Unidos y Rusia y que aunque él podría mostrarse más receptivo a las preocupaciones estadounidenses, esto no significaba ningún compromiso específico. Así pues, Obama regaló una gran victoria política a los rusos y seguramente no obtendrá nada a cambio, exceptuando más exigencias por parte del Kremlin.

Pero no sólo eso, Estados Unidos ha dejado abandonado con su decisión a naciones aliadas de Europa del Este como Polonia, República Checa y Ucrania, por no hablar de los países caucásicos. Ucrania y Georgia específicamente, que aspiran a entrar a la OTAN, enfrentando las reticencias por parte de Rusia, ahora se encuentran en una posición si acaso menos ventajosa frente a la renacida potencia del norte. Estados Unidos, que buscaba robar algunos de los aliados naturales rusos e involucrarse con fuerza en su área de influencia inmediata, posiblemente ha tomado las decisiones que sentenciarán esas pretensiones al fracaso.


Prueba todo lo anterior que hacer concesiones, sobre todo si son unilaterales, en las relaciones internacionales, puede ser sumamente perjudicial para un país y que hacerlo cuando lo que está en juego es tanto; cuando las apuestas son tan elevadas, puede condenar al fracaso toda una concepción estratégica y cambiar radicalmente las distribuciones del poder de toda una región.

martes, 1 de septiembre de 2009

Formando la disciplina, construyendo la profesión

Por: Jose Antonio Fortou R.



La semana pasada, de miércoles a viernes, se realizó el I Congreso Interuniversitario de Ciencia Política, evento local organizado por estudiantes de cuatro universidades de Medellín (EAFIT, Antioquia, Nacional y UPB) como un primer intento de empezar a crear comunidad académica y seguir con lo que Francisco Leal llamó la “profesionalización” de la ciencia política en Colombia.

Se escucharon ponencias y preguntas interesantes y pertinentes que pusieron de relieve algunos de los principales temas o problemas con los que se topa la ciencia política en nuestra ciudad. Quisiera hacer mención a uno de dichos temas: el clásico problema de las fronteras de la disciplina y su relación con otras. Dentro de esta temática, englobo tres provocativas discusiones que surgieron durante el Congreso.

1) Ciencia política y derecho. Mientras que José Olimpo Suárez propugnaba por una cercanía que hizo pensar en lo que alguno llamó un “politólogo abogado” y otros reaccionaron proponiendo un distanciamiento radical del paradigma legalista, unos más nos ubicamos en un punto medio: hay que tener un profundo conocimiento del derecho en este mundo cada vez más constitucional y jurídico, pero entendiendo siempre que el paradigma legalista no puede ocultar cómo son las cosas al hacer énfasis en cómo deben ser.

2) Ciencia política y filosofía política. La exposición de Jorge Giraldo nos recordó la cercanía de estas dos disciplinas y señaló el problema en el que se verían los estudios políticos en general sin la filosofía política: la teoría y los conceptos surgidos de ésta permiten, en buena medida, una mejor interpretación de los fenómenos políticos, por lo que la formación de un politólogo exclusivamente empírico-cuantitativo sería un grave error. Igualmente, el filósofo idealista debe “volver a la caverna” y aceptar que los conflictos de poder que se ven en ella son la realidad de la que se debe ocupar.

3) Ciencia política y moral. Aunque llevamos ya medio siglo de separación formal entre política, moral y ética, se escuchó una propuesta para entender y atender la pobreza no como un problema político, sino moral. Quedaron en el aire, sin embargo, dos puntos: a) la distinción entre moral y ética y cuál de ambas adoptar; y b) las implicaciones que tendría adoptar la perspectiva propuesta para el estatuto ontológico y epistemológico de la ciencia política.

Estos puntos sólo recogen parte de lo discutido en estos tres días. Obviamente surgieron muchos temas adicionales: el retorno al Estado en los estudios políticos, el quehacer del politólogo –la ciencia o la política como vocación–, las perspectivas a futuro de la disciplina en el escenario global, entre otros. Pero vamos paso a paso…

martes, 4 de agosto de 2009

Justicia

Por: Santiago Silva




En Marzo de 2005 (del día no me acuerdo) pasada la medianoche, frente al Mall Llanogrande, una Toyota Burbuja se estrelló contra el costado del carro donde dos amigos y yo viajábamos, el golpe la obligó a hacer un giro y se metió en reversa en la sala de una casa. Nuestro carro, por otro lado, obligado a salirse del carril, golpeó de frente a otro que venía al lado contrario de la carretera. En la mayoría de los choques las personas frenan, es característico el “frenón” que precede al golpe, muestra de alguna maniobra de evasión, de algún residuo de capacidad de reacción en los conductores. En este no, sólo golpes secos. Revivir lo que es estar en un choque es ver el episodio en cámara lenta y sin sonido: un golpe al costado, el cuerpo que se balancea imposiblemente hacia el lado contrario, el parabrisas astillado, los vidrios cayendo en la cara para producir luego un escozor insoportable y el acido de batería que vuela amenazando con quemar lo que toque. Todo en mute. Aun así, gracias a una afortunada combinación de circunstancias (que también podría llamarse porque “mi Dios es muy grande”) no hubo muertos, pero si heridos: uno con amnesia temporal, uno con un corte en la frente, una cuya nueva nariz perdió el poco cartílago que aun tenía, y yo, que gané un recordatorio de este episodio en mi brazo. Luego de una semana la mayoría de heridas habían sanado, pero los procedimientos legales sólo empezaban. Pues todos los involucrados en el accidente habíamos comprobado que el culpable iba borracho.

El viernes 31 de Julio, el editorial de El tiempo resaltaba la decisión del Tribunal de Bogotá de condenar a 18 años de prisión a Rodolfo Sánchez, que borracho había ocasionado un accidente en el que murieron dos personas. El editorial resaltaba la aplicación de condenas ejemplares y el endurecimiento de los castigos para los conductores embriagados, responsables en todo caso del 30 al 50 por ciento de los accidentes con muertos en el país. La Ley 1.326 sancionada este año por el presidente, ha sido fundamental para que ahora la culpa de los accidentes no sea del alcohol ingerido por la persona, sino por la persona que luego de ingerirlo conduce su carro. La borrachera ya no atenúa, sino que acentúa la pena.

El episodio de mi accidente no me marcó más de lo necesario, pues afortunadamente las consecuencias no fueron fatales para nadie. Sin embargo, lo que siguió al accidente, el proceso legal, si me daría algunas lecciones sobre la realidad de la impartición de justicia en Colombia. Fue la primera vez que estuve en una fiscalía e interactué activamente con abogados, fiscales y funcionarios públicos. Comprobé por ejemplo que cuando hay posibilidades de hacer una demanda que acarrearía compensaciones en plata, algunos abogados (insisto, sólo algunos) aparecen como por arte de magia ofreciendo sus servicios, y hacen valoraciones exageradas y aconsejan que uno cojeé (incluso si la herida es en el brazo), que ponga cara de tragedia y hable de las secuelas emocionales que le dejó el episodio cuando se hacen los exámenes de Medicina Legal. También aprendí que incluso quienes trabajan en las entidades judiciales saben lo incompetentes y corruptas que son y comentan, con la resignación propia del cinismo más puro, que las cosas son así, que el sistema no se pude cambiar, que lo mejor es no hacerse ilusiones de justicia. Y constaté la presencia en algunos procedimientos de personajes (los llamaré “duendes”) que hacen desaparecer pruebas, o aparecer algunas, o las cambian. Como cuando las pruebas de alcoholemia, y las fallas de procedimiento, absuelven a un infractor.

Importante que se tomen decisiones ejemplares, que las normas se endurezcan y los jueces las apliquen, pero ¿de qué sirve todo esto si somos incapaces de vencer la cínica corrupción e incompetencia y sobre todo, a los “duendes” que pululan en la justicia del país?

domingo, 31 de mayo de 2009

Por Fajardo

Por: Santiago Silva

Hay tantos candidatos, y casi candidatos, para las siguientes elecciones presidenciales, que verlos a todos en detalle seria devastador para mi intención de escribir columnas cortas. Obviemos pues a los precandidatos liberales, que se baten desesperadamente por 0,1 y 0,2 de las encuestas, si es que aparecen en alguna. Incluso de Pardo, que aunque sensato, carece totalmente de cualquier brizna de carisma. Dejemos a un lado a los candidatos uribistas que le hacen campaña desde hace algunos meses al presidente, y que inevitablemente tendrán que unírsele cuando exprese públicamente su voluntad de hacerse reelegir. Incluso olvidémonos de Santos, que condicionó su candidatura a un escenario en el que no se enfrente al presidente, es decir, donde él sea el candidato del uribismo, mejor dicho, olvidémonos de Juan Manuel Santos como aspirante a la presidencia. También hagamos a un lado a los conservadores, neutralizados por Andrés Felipe Arias y su temprana campaña, que terminará una vez empiece la del presidente Uribe, y por la indecisión de Noemí Sanín, cuya popularidad pocas veces se ha visto representada en los votos y seguro menos si se enfrenta a Uribe. Evitemos a Vargas Lleras y su partido Cambio Radical, que se desmorona ante el arremeter de las partidas burocráticas que el gobierno promete a sus congresistas si lo abandonan. Y no hablemos del Polo, con sus divisiones internas, la fuga de sus potenciales candidatos a la independencia y de Carlos Gaviria, cuyo acérrimo anti reeleccionismo se condiciona a si es él el beneficiario.


Ante este escenario, solo cabe hablar de Fajardo, únicamente él merece la utilización de este reducido espacio. Si, el único candidato que se ha mantenido alejado de las mezquindades de la contienda política actual, nunca pendiente de guiños, o alianzas, o vicepresidencias y ministerios, manteniendo una trayectoria integra y concienzuda, con una campaña independiente y ciudadana. Perseverando en un enfoque de política que tanta falta hace en este país, tan distinta de la ‘vieja’ forma de llevar los asuntos públicos. Y las encuestas se lo reconocen, su silencioso periplo por los municipios del país (que ya suma más de 150) se ha materializado en el apoyo de un importante número de colombianos. Fajardo puntea y se perfila como el único que puede atajar al presidente Uribe y su ímpetu reeleccionista.


Pero lo hace con sensatez. No cae en discusiones insulsas y reconoce lo que hay que reconocer y pretende mantenerlo, mientras plantea necesarios e indiscutibles cambios. Fajardo es para muchos el cambio, para otros tantos el complemento. Uribe fue el constructor de un marco donde las políticas de Sergio Fajardo tendrán mayores posibilidades de éxito. Su posición le permite mantener con suficiencia lo que para la gran mayoría de los colombianos han sido éxitos de este gobierno, pero también de llevar un cambio de tal forma que satisfaga a quienes denuncian los puntos flacos de estas políticas y compense las áreas donde Uribe se mostró descuidado.